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1/23/2011 6:04:56 PM
Más allá del debate
Por


Por Douglas C. Ramírez[1]

Enero de 2011

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El debate nacional sobre la propuesta de la Ley de Educación Universitaria (LEU) que pretende reemplazar a la Ley Nacional de Educación Superior (LNES)  es uno donde la confrontación de las cosmovisiones sobre el hombre y sobre el mundo se hace más evidente.  La cosmovisión nos cuestiona, no nos da una respuesta pero exige del hombre un más allá; sobre lo que es el mundo, lo que es el hombre, sobre el sentido de la vida, del amor, de la familia, del trabajo, del dinero, entre otros aspectos. Cada quien puede tener intuiciones muy diversas sobre las diversas cuestiones pero la respuesta que se dé, determina la forma de vivir.

 

Cuando los que compartimos los valores del humanismo cristiano hablamos de educación nos referimos no sólo a la instrucción o formación para el trabajo sino también a la formación completa de la persona[2] es decir; apuntamos al desarrollo integral del ser humano[3], pero aquí surge un aspecto conflictivo ya que requiere precisar ¿quién es la persona humana? Exige reconocer su naturaleza. Asumir una visión relativista de la naturaleza implica tener una visión relativista de la educación, de la moral, del desarrollo del ser y de la vida misma. Ceder ante este relativismo empobrece la dignidad humana con consecuencias negativas no sólo en términos morales y espirituales  sino también en términos materiales.

 

La cultural dominante apela a convertir el relativismo como el absoluto y a la indiferencia como regla de convivencia social frente lo que acontece al otro,  esta cultural de lo relativo conlleva a que el hombre autónomo y libre termina siendo abolido por el poder conquistado por otros hombres y “todo poder conquistado por el hombre es también poder ejercido sobre el hombre”[4]. La cultura dominante es hoy la cultura de la muerte[5], de la planificación eugenésica de los nacimientos, de la “mens eutanasic y este aparente y completo control del hombre sobre sí mismo conlleva a que la naturaleza humana sea la que se rinda y al final, este poder del hombre para hacer de sí mismo lo que le plazca, significa el poder de algunos hombres para hacer de otros lo que les plazca[6].

 

La civilización o el proceso civilizatorio o el proceso cultural de cultivar a la sociedad, se propone limitar el poder para que este no abuse de su poder sobre el otro y esto es un proceso político. La política se manifiesta más claramente en el hombre  en toda su integridad, “en toda la verdad  de la subjetividad espiritual y corporal”[7] Lo que afecte esa integridad de uno o varios hombres es un proceso político que tiene que ver con el poder y el uso de ese poder, por ello no se puede estar indiferente ante ese hecho. El poder puede ser utilizado para el desarrollo de la integridad humana o puede ser utilizado para la reducción del hombre “a una partícula de la naturaleza” o como elemento anónimo de la ciudad humana”[8]

 

El cristianismo nace como un potente amor por lo humano, por  la persona concreta, por Pedro, Juan o María, no por un concepto abstracto sino por la singularidad de cada ser vinculado al infinito, desde el primer aliento de su vida hasta su vejez extrema[9] y de un punto común de origen a un punto común de destino los caminos son infinitos y plurales, en este sentido  para el cristiano, la democracia y el pluralismo se verifica  en los múltiples caminos al común destino.

 

A esa singularidad debe estar abocada la sociedad y el cuerpo político para que la dignidad humana alcance su desarrollo,  ¿como juzgar esta relación entre el poder y la persona? Giussani (LGEYPO, 45) nos responde así: “en ver si la sociedad se conduce de tal modo que la fuerza del poder se utiliza o no para facilitar valorar en intensificar, en primer lugar, las obras ─ una o muchas ─  que nacen de los individuos y, especialmente, de los individuos asociados”. Por tanto un verdadero gobierno del pueblo debe favorecer toda la creatividad y emprendimiento, ayudando subsidiariamente a completar, apoyar las iniciativas de una sociedad vivamente organizada en múltiple formas individuales, asociadas  y/o en sociedades y cuerpos intermedios que expresen y multipliquen el emprendimiento. El Estado se ubica en su verdadero rol  mirando el fin último de cada persona llamada a cumplir su vocación, su libre desarrollo y su autodeterminación. En este aspecto las universidades han tenido un papel transcendental desde sus inicios y hasta la fecha, en especial cuando han sido más impertinentes.

 

Las universidades venezolanas presentan hermosas experiencias positivas pero también adolecen de respuestas eficientes y adecuadas  al desarrollo de la sociedad y de cada miembro que conforma esta comunidad de intereses pero este cambio y adaptación no puede ser realizado negando los aspectos humanos y los logros en el ámbito docente, de investigación y extensión que tienen, es decir de su autonomía. La propuesta de una reforma educativa y una adecuación de las leyes resultan necesarias e importantes y no es algo  artificioso sino al contrario requiere el máximo aporte de los miembros de la comunidad educativa ¿Pero cuál es la cosmovisión compartida qué de respuestas parciales al infinito deseo de cada hombre y de cada corazón? Sólo podemos adelantar que será aquella que respete más el libre desarrollo de las ideas, de las iniciativas y de la libertad del hombre en el marco más plural posible.

 

1.

 

El Estado Docente ha dominado el escenario educativo venezolano durante los últimos cincuenta años del siglo XX y la primera década de principios del siglo XXI. Los gobiernos bajo esta concepción se propusieron el diseño de una educación escolar con marcado tinte de preeminencia de lo político, colocado encima de otros propósitos, para la configuración del Estado Nacional. En la década de los sesenta, los  gobiernos inspirados bajo las ideas de Prieto Figueroa[10], se privilegió el control social y la escolaridad se asumió como instrumento para mantener la hegemonía político ideológico de quienes detentaban el poder. La educación se concibió como dimensión para la consolidación de la versión cultural de la identidad nacional que el poder establecido configuró para Venezuela.

 

Hoy se vuelve a reeditar la propuesta del Estado Docente primero en la educación básica y secundaria y ahora se quiere enfatizar en el ámbito universitario. Con esta última propuesta de ley se pretende reducir al educador a un facilitador o “trabajador académico” de la información preprocesada, en administrador de asignaturas y se descalifica a la clase, a la conferencia, al debate pedagógico, en fin a la acción educativa. La educación en el Estado Docente conduce,  al final, a la negación de lo que esta fuera del poder y a lo que el poder considera pertinente. Esta lógica del Estado Docente se basa en una idea subyacente muy simple “It's my money, these are my rules

 

Una  educación entendida como una introducción a la realidad total

 

Frente a esta propuesta de Estado Docente se propone como alternativa una Sociedad Educadora o Educativa que forma ciudadanos y personas  y no sólo profesionales e investigadores, es decir no sólo reproductores y creadores de conocimiento y técnicas sino seres humanos. Ciudadanos del mundo que se eduquen en la ciudadanía, entendida como el proceso de integración de la persona a un espacio intercultural, axiológico, político, económico, científico, técnico  e institucional. Pero esto implica un ethos, un tao comúnmente aceptado.  Entre los valores comunes deben estar como centro la persona humana concreta como valor absoluto, la libertad. La dignidad. La justicia. La Solidaridad. La igualdad. El Bien Común. El respeto al bien ajeno como al propio. Y Estos valores exigen una sociedad plural y democrática.

 

Una sociedad educativa demanda en la relación con el otro, la disposición de respeto y tolerancia activa frente a las diferencias pero también a la búsqueda activa de los acuerdos y soluciones y no a la imposición radical de la perspectiva propia.  Exige una valoración adecuada de lo propio, de sus tradiciones y de su historia como persona en una comunidad. También implica el dialogo, la participación y el compromiso en los distintos ámbitos de convivencia, en la colaboración de empresas comunes y el cuidado responsable de los bienes comunes.

 

Estamos viviendo una época de transición en el mundo al cual no escapa la educación, están ocurriendo cambios en lo político donde se mueven dos tendencias: una a la globalización y otra a la valoración de lo local, la primera se mueve hacia la universalización de los valores del ethos común  y de instituciones que velen por ello y la otra al empoderamiento[11] de las instancias locales y a la descentralización.  Esto conduce al fortalecimiento y creación de nuevas instancias y cuerpos intermedios a una revitalización de la sociedad civil, en lo comunicacional  se tiende a la creación de redes que de forma autónoma y/o complementaria a los medios tradicionales, difunde eventos, hechos, ideas y juicios a través de medios masivos. En lo económico se están creando nuevas formas de producción, gestión e intercambio de bienes y servicios con consecuentes cambios en la demandas y en las ofertas y en consecuencia en las demandas educativas.

 

Estas realidades y cambios exigen en particular de la educación universitaria y a las universidades ser instituciones que conserven, regeneren y generen los saberes[12], ideas y valores de la sociedad local, nacional y universal, recopilando el pasado, en el presente y proyectando el futuro. Una propuesta que atenta con la autonomía rechaza de plano esa misión, esa vocación del ser y el que hacer universitario.

 

3.

 

Varias  ideas son relevantes en el debate sobre la propuesta de la LEU, la primera es el Estado Docente a la cual confrontamos con la Sociedad Educativa, la segunda idea clave es sobre la participación de otros estamentos en las elecciones para el nombramiento de las autoridades, en tercer lugar la reducción de competencias y funciones de los organismos de cogobierno y la re-centralización en el ejecutivo de las funciones autonómicas de las universidades, en cuarto lugar es sobre la apertura a la “verdad oficial” y al “pensamiento único” versus la búsqueda plural de la verdad y por último sobre la ciencia oficial “pertinente” versus “la ciencia subversiva impertinente”.

 

Estos temas son los que deben centrar el debate y la discusión del país y ante ella la respuesta que humanizan y civilizan o las que nos deshumaniza y nos llevan a la barbarie. Este es el debate y es el debate de las leyes aprobadas post referéndum del 2007 y demás leyes habilitantes, es ahí el centro y la naturaleza del problema: construimos instituciones más humanas y civilizadas o nos hundimos en la discrecionalidad y el poder del “líder”.

 

Para poner en su justo lugar el tema de quién vota o no, es importante señalar que dentro de los temas de discusión este no es el primero y  no es el tema central, ni es el más importante, ni es el más urgente, ya que en este punto sólo basta una pequeña reflexión sobre quien o quienes cumplen el rol central del que hacer universitario –la conservación, regeneración y generación del conocimiento– y quien cumple el rol de apoyo en esos procesos y la distinción entre quienes son los responsables de formular las políticas y quiénes son los que la aplican, qué funciones son externabilizables (outsourcing[13]) y cuáles no lo son.

 

Las leyes de Parkinson[14] afirman lo siguiente:

1.      "El trabajo se expande hasta llenar el tiempo de que se dispone para su realización".

2.      "Los gastos aumentan hasta cubrir todos los ingresos".

3.      "El tiempo dedicado a cualquier tema de la agenda es inversamente proporcional a su importancia".

 

Estas tres leyes, conjuntamente con la “ley de la dilación o el arte de perder el tiempo” y la “ley de la ocupación de los espacios vacíos (por mucho espacio que haya en una oficina siempre hará falta más espacio)”, son las leyes que rigen la dinámica del crecimiento de la burocracia y en particular porque ella (la burocracia) cumple las funciones de apoyo y no de producción.

 

Los burócratas no son quienes formulan las políticas son los que la aplican y no están sujetos a elección o destitución por parte de los votantes y cuando esa burocracia tiene la potestad de nombrar a quienes deben definir las políticas que ellos deben ejecutar se genera la captura del supervisor. La lógica del burócrata es recibir altos sueldos y beneficios, en segundo lugar mantener su empleo y en tercer lugar es hacer crecer su organismo y en particular este crecimiento se sustenta en crecer con subordinados no rivales y entre pares, creándose tareas –redundantes o no– entre unos a otros.

 

Adicionalmente como el burócrata tiene la información perfecta sobre sus capacidades y costos de producción y el supervisor no, este puede mentir (el burócrata) sobre su función de producción y obligar al supervisor a proveerle de más recursos para un menor resultado a diferencia que se ubicara en su función de producción más eficiente y demandar menos recursos y con mayores resultados. En síntesis, tenemos el problema del agente y el principal como resultado de las asimetrías de información.

 

El problema central de la universidad no es si votan o no ciertos estamentos, el problema es que tipo de universidad se requiere para que este país sea un país de primer mundo, de un mundo civilizado y desarrollado. Veamos unos datos para darnos cuenta de las tareas; para 1999, nuestras universidades latinoamericanas gastaban menos de mil dólares anuales por alumno y las universidades de los países desarrollados gastaban más de siete mil dólares anuales por alumno[15]. Esta brecha no ha disminuido sino ha aumentado, para el 2002 los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE en ingles) destinaban el 2.2% de su PIB a la investigación y desarrollo (I+D) en el 2007 destinaban el 2.3%, por el contrario los países Latinoamericanos y del Caribe (LAC) destinaban para el 2002 y 2007 sólo el 0.6% de su PIB[16].

 

En términos de salarios, según los datos de la Unesco con información del  2008[17], podemos comparar, en el caso de  Chile (un país de similar nivel de desarrollo que el que tenia Venezuela en el 2009), los educadores en todos los niveles  iniciaban, para el 2008, con un salario mínimo de 11 mil dólares anuales y el salario medio de un educador de primaria y secundaria se encontraba en los 13 mil dólares anuales y el de un profesor de la Universidad en los 14 mil dólares anuales. Comparando con España (país que hace 30 años tenía menor nivel de desarrollo que Venezuela), los profesores de primaria iniciaban, para el 2008, con un salario de más de 34 mil dólares anuales y tenían  un salario medio de casi 40 mil dólares anuales, los de secundaria el salario medio era de alrededor de los 44 mil dólares y el de los profesores universitarios estaba por los 46 mil dólares anuales. Magros y escasos son los emolumentos de los educadores venezolanos en todos sus niveles.

 

El recurso humano que participa e ingresa a la universidad es –quiérase o no– una elite intelectual y su formación cuesta mucho en tiempo, dinero y otros aspectos no monetarios que tienen que ver con habilidades y destrezas no comunes, la universidades resumen la selección de los mejores talentos del país (profesores y alumnos). Si queremos una universidad más democrática se requiere democratizar las oportunidades ya que  la democratización real de la universidad pasa en primer lugar por la extensión y la calidad de nuestra red de pre-escolar y de educación básica,  es ahí donde se juega de verdad, las oportunidades futuras de cada persona, de cada ciudadano del país.

 

No sólo es necesario invertir más en educación, en todos los niveles, también es necesario ser más eficientes y efectivos en el uso de los recursos. También es necesario reconocer que existen y han existido grupos enquistados en las estructuras burocráticas que medran en las universidades pero estos no son la regla sino la excepción. Un cambio en la universidad exige ser, además de eficientes, más transparentes  pero también esto se exige en el gobierno nacional, donde el ejemplo de ausencia de controles y separación de poderes es la regla y no la excepción.

 

La intervención del poder hacia la  universidad ha sido la constante de su relación  en Venezuela en especial en la última década, esta se resume en: la negación del normal desenvolvimiento de las universidades experimentales a universidades autónomas, el ahogo financiero de las autónomas con la reconducción presupuestaria, el incumplimiento de las normas de homologación con el empobrecimiento profesoral y la descapitalización del talento, la criminalización de la protesta, la búsqueda de la ruptura gremial, la invasión o “custodia” y expropiación, además de los actos vandálicos de los grupos armados paramilitares, amparados por el poder, para destruir los espacios universitarios.

 

Cuando vemos la historia aprendemos una lección, los gobiernos han pasado pero las universidades han permanecido.



[1] Profesor de la Universidad de los Andes, Adscrito al Instituto de Investigaciones Económicas  de la Facultad de Ciencias Económicas Sociales.

[2] Benedicto XVI, 2009. Caritas in veritate. 61. Librería Vaticana. (BECIV, 61, 2009).

[3] Conferencia Episcopal de Venezuela, 2006. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. Caracas Venezuela. Señala que “la verdadera educación ‘se propone la formación de la persona humana en orden a su fin último y al bien de las sociedades, de las que el hombre es miembro y en cuyas responsabilidades participará cuando llegue a ser adulto” (CDSI, 242).

[4] C. S. Lewis, 1994,  La abolición del hombre. Ediciones Encuentro, Madrid, 2ª edición. (CSLAH, 59,1994)

[5]  BECIV, 75, 2009. “hoy es preciso afirmar que la cuestión social se ha convertido radicalmente en una cuestión antropológica, en el sentido de que implica no sólo el modo mismo de concebir, sino también de manipular la vida

[6] CSLAH, 60, 1994.

[7] Juan Pablo II, 1980. El hombre y la cultura  Discurso ante la UNESCO. 2 de junio

[8] Luigi Giussani. 2001. El yo, el poder, las obras. Ediciones Encuentro. Madrid pag. 152. (LGEYPO, 152)

[9] LGEYPO, 45

[10] Luis Beltrán Prieto Figueroa. 2006. El Estado Docente. Biblioteca Ayacucho. Ministerio de la Cultura, Caracas

[11] Entendemos por empoderar como conceder poder a un grupo social desfavorecido socio-económicamente para que, mediante su autogestión, mejore sus condiciones de vida.

[12] Edgard Morin dice que “La universidad conserva memoriza, integra, ritualiza una herencia cultural de saberes, ideas, valores; la regenera al volver a examinar, al actualizarla, al transmitirla; genera saber, ideas y valores que entonces, van a entrar dentro de la herencia. De esta manera, es conservadora, regeneradora, generadora”. (Morin, Edgard, 2002. La cabeza bien puesta. Repensar la reforma. Reformar el pensamiento. Nueva Visión. Buenos Aires)

[13] La subcontratación es el proceso económico en el cual una empresa determinada mueve o destina los recursos orientados a cumplir ciertas tareas, a una empresa externa, por medio de un contrato. Esto se da especialmente en el caso de la subcontratación de empresas especializadas. Para ello, pueden contratar sólo al personal, en cuyo caso los recursos los aportará el cliente (instalaciones, hardware y software), o contratar tanto el personal como los recursos.

[14] Ciryl Northcote Parkinson, 1957.Parkinson's Law, or The Pursuit of Progress, Hougton Mifflin. Boston

[15] Jorge Brovetto (*). 1999. “La educación superior en Iberoamérica: crisis, debates, realidades y transformaciones en la última década del siglo XX”. REVISTA IBEROAMERICANA DE EDUCACIÓN. Nº 21  págs. 41-53

[16] Ver la pagina WEB de la UNESCO en sus tablas de información, sobre educación, cultura y ciencia http://stats.uis.unesco.org/unesco/ReportFolders/ReportFolders.aspx . Consultada el 15 de enero de 2011.

[17] Ibidem.

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