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Tal como otro colaborador ha escrito, nuestros sectores estratégicos son: el petróleo, el gas, las industrias básicas de Guayana, el turismo. Hoy ninguno de ellos está en capacidad de aliviar la merma de divisas que padecemos. Se dirá que es consecuencia de la crisis mundial, también se podría atribuir a la falta de inversiones hacia estas actividades durante los recientes años de bonanza, con todo y ser estratégicas.
Venezuela produce hoy en día alrededor de dos millones doscientos cincuenta mil barriles diarios de crudo. Vemos que no es suficiente para satisfacer nuestras necesidades actuales de importaciones. Por eso las Reservas Internacionales tienden a bajar. Pero los depósitos de hidrocarburos en la FPO son enormes, junto a los de gas, conforman las reservas energéticas más grandes del hemisferio occidental. Si es así, ¿porqué estamos produciendo menos crudo que al momento de la nacionalización cuando se extraían, en promedio, tres millones y medio de barriles diarios, sobre la base de las reservas convencionales?, y aun más importante: ¿Porqué no podemos aumentar la producción a corto plazo?. Se razonará que la cuota Opep es una restricción, pero es que ni siquiera se nos acusa de violar dicha cuota, cuando resulta más que palpable el ajuste a la baja de las variables económicas reales en paralelo al incremento de la inflación: La venta de unas decenas de miles de barriles diarios adicionales contribuiría a aliviar la escasez de divisas evitándose un daño mayor a la economía. Además, si los crudos extrapesados de la Faja son reconocidos como parte fundamental de nuestras reservas por la OPEP, la cuota correspondiente a Venezuela debería ser mayor.
¿Y a mediano plazo?. Ahora comprobamos que en medio de la última bonanza se hicieron apartados para inversiones que solo mantuvieran la producción; cabe preguntarse si en plena crisis se podrán realizar los gastos que permitan al país el aumento de su producción de crudo en un futuro relativamente cercano. En tiempos de la Apertura Petrolera se proyectaba una producción de hasta seis millones de barriles diarios de petróleo para la primera década del siglo XXI. Hace diez años, el gobierno entrante preveía algo similar. Esas cifras se trasladan ahora para el 2020 y más adelante. ¿Qué ha pasado?.
El rentismo petrolero nos ha llevado a la reedición de una situación que arrastramos desde fines de los años setenta-comienzos de los ochenta, y que puede sintetizarse en el hecho de que la renta no da para estabilizar la economía por un plazo mayor a la duración del tramo alcista del ciclo petrolero. Con toda seguridad, los precios del crudo subirán a mediano plazo sin que para entonces podamos ofrecer sustancialmente más petróleo del que vendemos hoy. Nos queda confiar, con dudas más que razonables, en que el mercado energético mundial siga una escalada similar a la que experimentó entre 2004 y 2007. En tal caso volveríamos a entrar por entero en el ciclo rentista decimonónico.
Si Canadá que es un país desarrollado se ha volcado de lleno y sin complejos a la explotación de sus arenas bituminosas, no hay razón para que Venezuela, que tanto lo necesita, no se aboque al gigantesco esfuerzo productivo que implicaría valorizar, cuanto antes y cuanto más, los crudos extrapesados de la FPO, eje de un Proyecto Nacional que involucre tanto al Estado como al sector privado. Lo de nacional vendría por el hecho de dar cabida a todo sector social y económico del país en capacidad de aportar a un Proyecto que necesariamente tendrá que recurrir al capital foráneo. La cuestión de fondo es no dejarlo todo a éste y a sus cálculos porque así tardaremos varias décadas en desarrollar, y solo parcialmente, tanto los crudos de la Faja como otras actividades, y mientras eso sucede, continuaríamos avanzando, a paso de perdedores, por la senda de la decadencia sin fin.
Mario A. Santibáñez M.
almanzorespecialista@hotmail.com
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